HORIZONTES CULTURALES




miércoles, 7 de septiembre de 2011

 

Cerámica Capacha


Exámenes de muestras de cerámica encontrada en varios sitios del estado de Colima, San Blas e Ixtapa y Tomatlán (estado de Jalisco) por termo luminiscencia y Carbono C14 han proporcionado fechas entre 1320 y 220 a.C.
Características de la cerámica
La originalidad de Capacha se basa en dos tipos específicos de cerámica.
  • Recipientes de cerámica grandes, su forma es de dos vasija globulares apiladas uno sobre la otro. Lleva el nombre Bule.
  • Cerámica que consiste de dos recipientes globulares sobrepuestos e interconectados entre sí por dos o tres tubos. La forma de esta cerámica asemeja a la tradición de cerámica con asas de estribo de américa del sur.



Cultura Capacha


Capacha es un yacimiento arqueológico ubicado a unos seis kilómetros al noreste de la Ciudad de Colima, en el estado de Colima. Este sitio es el núcleo de la Cultura Capacha.
La cultura Capacha se ubica entre la sierra de Jalisco y la zona del valle de Colima. Varios sitios de la zona tienen relaciones con el complejo Capacha, como el Embocadero II (800 a.C.), en el valle de Mascota, tiene antecedentes inmediatos a la tradición de tumbas de tiro. También existe evidencia de artículos de piedra verde, cuentas cilíndricas de jadeíta y posiblemente de amazonita, así como fragmentos de turquesa.(Mountjoy 2004).1

Se sabe que hubo relaciones cercanas entre los sitios de Capacha y El Opeño, por la relación cerámica existente entre los tipos rojo zonal y rojo guinda/crema, así como semejanzas entre tipos de figurillas de ambos complejos.
Esta información se corrobora por figurillas de estilo Opeño y cerámica tipo Capacha encontradas en la zona de Tuxpan - Tamazula – Zapotlán; así como otros lugares de Jalisco, donde se han identificado tumbas de tiro con planta semejante a las de El Opeño y vasijas de cerámica similares a las de Capacha.
Adicionalmente, se sabe que El Opeño y Capacha tuvieron algún tipo de contacto con culturas del centro de México, por ejemplo Tlatilco, entre 1300 y 900 a.C., que probablemente tuvo en esa época un mayor nivel de desarrollo. Desde tiempo atrás, Beatriz Braniff y otros investigadores señalaron la presencia de un "tertium quid" en la parte central de México, diferenciado de las tradiciones olmeca y del centro de México, cuyo origen fue la región del Occidente.

lunes, 5 de septiembre de 2011

CULTURA OPEÑA...

El Opeño es un yacimiento arqueológico que se localiza en Jacona de Plancarte, un municipio del estado mexicano de Michoacán enclavado en el Valle de Zamora. Da su nombre a una cultura precolombina conocida especialmente por los materiales de cerámica encontrados en los complejos funerarios de la zona, mismos que han sido fechados en el Preclásico Tardío de Mesoamérica. La importancia de El Opeño en la arqueología mesoamericana radica en su antigüedad y en la amplia difusión de su estilo, contemporáneo de otros desarrollos culturales indígenas como la cultura Capacha y anterior a la cultura de Chupícuaro que se desarrolló en el Bajío. Las tumbas de El Opeño son las más antiguas de Mesoamérica.

Han sido fechadas alrededor del siglo XVI a. C., por lo que anteceden el desarrollo de la cultura olmeca, que tuvo sus centros principales en la costa del golfo de México y floreció unos siglos más tarde. Los descubrimientos de El Opeño fueron un hito que permitió poner en tela de juicio el carácter que se atrubuía a los portadores de la cultura olmeca como los fundadores de Mesoamérica.

El Opeño está constituido por un conjunto funerario que suele ser incluido en la tradición de las tumbas de tiro, que se difundió por gran parte del Occidente de Mesoamérica, sobre el territorio de lo que actualmente constituyen los estados de Jalisco, Colima, Nayarit y Michoacán. Los entierros de El Opeño, como los de el resto de las zonas donde se han encontrado materiales de la Tradición de las tumbas de tiro, se distinguen precisamente por su excepcionalidad en el marco de Mesoamérica. Ningún otro pueblo mesoamericano construyó antes del florecimiento ni después del declive de esta tradición monumentos funerarios de este tipo. Se trata de tumbas verticales, o casi verticales, que fueron excavadas en el tepetate o toba volcánica que forma parte del subsuelo de la región. El acceso a las cámaras funerarias subterráneas se efectuaba de modos diversos, por ejemplo, en Nayarit, es común que las tumbas cuenten con tiros muy profundos, aunque en El Opeño contaron con escaleras. En el complejo funerario de El Opeño han sido descubiertas doce tumbas, todas las cuales muestran indicios de planificación arquitectónica. Asimismo, el complejo en su totalidad está organizado en torno a un plan global.
Las tumbas de El Opeño pueden ser consideradas el antecedente más antiguo de la llamada tradición de las tumbas de tiro, en la cual se suelen incluir los materiales de este yacimiento arqueológico michoacano. La arquitectura de El Opeño, como se ha señalado anteriormente, cuenta con características muy particulares que no fueron retomadas en las necrópolis más tardías de Jalisco, Colima y Nayarit. Es importante señalar que la arquitectura funeraria, con características similares o divergentes, fue practicada por los pueblos que vivieron en una amplia región de América continental, y en distintas épocas, en los tiempos anteriores a la llegada de los europeos. Esta región se extiende desde el llamado Occidente de Mesoamérica hasta el norte de Perú, siguiendo la costa del Océano Pacífico.[3] La continuidad geográfica y temporal de estas prácticas requiere de análisis más profundos que permitan comprender mejor los vínculos entre estos pueblos.

 



horizonte preclasico
En torno a la necrópolis de El Opeño no se ha encontrado ningún resto material de las poblaciones de los constructores de las tumbas. Esto motivó que se les representara como un pueblo que se encontraba en la transición hacia el sedentarismo agrícola que caracterizó a las sociedades urbanas de Mesoamérica en el Preclásico Medio. Sin embargo, el análisis de los materiales arqueológicos encontrados en las tumbas —tanto los restos óseos de sus ocupantes como las ofrendas con que fueron enterrados— muestra que los constructores de las tumbas de El Opeño fueron miembros de un pueblo claramente sedentario, con una elevada estratificación social que se refleja en las diferencias entre los bienes ofrendados a los muertos.